Consagrada Imagen del Señor Sepultado, San José Catedral

Entre la valiosa imaginería colonial que, para suerte nuestra se salvó de ser trasladada a la nueva sede metropolitana del reino, asentada en el Valle de la Ermita, La Nueva Guatemala de la Asunción, después de los terremotos del 29 de Julio de 1,773 que destruyó la ciudad de Santiago de Guatemala, hoy La Antigua Guatemala, asentada en el Valle de Panchoy y que celosamente se encuentra expuesta al culto religioso en el templo parroquial de San José –Catedral- y que es objeto de admiración por los críticos del arte, esta maravillosa escultura del Santo Cristo Yacente o Señor Sepultado, escultura del Siglo XVII, estilo barroco, desconociéndose a la fecha el nombre del notable escultor que la buriló, pero que por los rasgos tan singulares de su sorprendente burilación, según el criterio de personas devotas de la Consagrada Imagen, acusan a las diestras manos del Insigne escultor portugués Sr. Quirio Cataño, como culminación muy personal al misterio que representa la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, pues lo esculpió luego del Santo Cristo del Perdón, singular imagen que esculpiera en el siglo XVII y que fuera donada a la Iglesia de Catedral por el hidalgo Don Tomás de Cilieza y Velasco.

Sobre la Santísima Virgen de Soledad, por sus rasgos especiales que posee la escultura en su talla, se ha determinado que es del Siglo XVII, estilo barroco, de expresión sublime, que el escritor Sr. Jorge Aguirre Matéu, atribuye al notable escultor antigüeño Sr. Pedro de Mendoza, quien finalizó su obra hacia 1,635.

Pero en la realidad, la mayoría de las obras escultóricas coloniales, aparecen como anónimas, pues los escultores dejaban sus obras en blanco y eran los pintores los que se encargaban de policromarlos.

 

 

En el Caso de la C.I. del Señor Sepultado, parece que con néctar divino, el artista le hubiera dado colorido a la Santa Imagen, que es de admirarla con aflicción sublime pues al paso de los años, aun luce como si acabara de ser pulida, es tal la impresión, que manifiesta patéticamente el cuerpo desfallecido del Redentor que el léxico humano, no es capaz de expresar su celestial belleza. Constituye esta escultura, una verdadera joya de la escultórica guatemalteca, pues a lo ya apuntado, se puede agregar el realismo de la anatomía y el donaire de su rostro. 

 

Algunas personas relatan, al estilo de “como me lo contaron te lo cuento”, que quizá la imagen se la habían solicitado al escultor para ser enviada a Europa, pero Quirio Cataño, al contemplar sus imagen tan bella y perfecta, sintió nostalgia al privarse de ello, si la enviaba, y decidió quedársela para prolongar en ella la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Tan Venerada imagen fue consagrada el 30 de enero de 1982 en un acto trascendental que fue presidida por el Cardenal Mario Casariego y Acevedo.


Luego de haberse fundado la hermandad domingo 2 de septiembre de 1,984, en el año 1,985 sus celosos directivos, atendiendo favorablemente las múltiples solicitudes presentadas por los fervientes devotos, con el deseo de que la Consagrada Imagen del Señor Sepultado, saliera en trascendental e Imponente cortejo procesional en día Viernes Santo, se gestionaron ante el Director Espiritual Pbro. Juan Carlos Córdova, párroco de la parroquia de San José –Catedral- la licencia eclesiástica correspondiente, la cual se obtuvo favorablemente un sábado 2 de noviembre de 1,985 y la misma se juzga como un milagro de la C.I. del Señor Sepultado, pues se tuvo que insistir mucho, saliendo el viernes Santo 28 de Marzo de 1,986 en Santo Entierro, a las 15:00 hrs. Y retornando a su templo a las 18:00 hrs. Y su primera Velación fue un sábado 15 de marzo del año 1,986.

 

 


Luego de haberse fundado la hermandad de la Santísima Virgen de Soledad un sábado 16 de enero de 1,988 se empieza con la primera velación de la Santísima virgen de Soledad  un sábado 4 de marzo de 1,989 y desde ese año a la actualidad acompaña en su recorrido al Consagrado Señor Sepultado, dándole un agregado a la solemne procesión con la presencia de las Imágenes de San Juan y Santa María Magdalena en el año de 1,999.